Es tan mágico… Como diría mi profesor, Gustavo.
Respiro magia, me alimento de magia.. y tú eres el mago. En las ocasiones que he estado sin ti, se que
solo me había preparado para ti. Eres el
sentido de mi magia.
El aire, las flores, el humo, todo wonderland gira en torno a
nosotros. Pero el orgullo me mata, ese que crea el miedo, la duda, la soberbia.
Como psicóloga, me atrevería a decir que el “orgullo” es la base de todas las
desviaciones en la forma como nos relacionamos con el universo.
A veces me resultan tan vánales los sentimientos, pero sufro
como magdalena, como si no supiera por que o por quien. Por eso me cuesta
encontrarle chiste a la vida ((I know, es contradictorio, tratándose de mi,
pero hasta los habitantes de happyland lloramos)) Es como ver el laberinto
desde arriba, saber las salidas y aun así meterme y pretender que no se cómo se
juega, al cabo del tiempo pretendo tan bien, que se me olvida como salir, y
termino sintiéndome más estúpida de lo que se siente el ratón para quien lo
diseñé. La vida termina ganándome el juego más fácil jamás inventado por mí, tan
predecible.
Me gana la apatía, la inseguridad, y termino cocinando para
ocho personas en la mitad de un día de junio sin saber qué coño estoy haciendo.
Apatía: Lo que se come el chiste.
Y ahí es donde tú
entras, chiste de mis chistes. Recuerdo que un día me dijiste, sin pensar en mi
fuckin orgullo, que si hubieras sabido antes que me ponías tan feliz, hubieras
adelantado el proceso. Tenías razón, mi príncipe, eres el sol de mis días.



